sábado, 23 de abril de 2016

La crisis moral que nos atraviesa

Estimados, comparto artículo publicado este jueves en Semanario Voces, en su página 15. 

La crisis moral que nos atraviesa

Nuestro país, en un fenómeno que no es ajeno a muchas otras sociedades, atraviesa un déficit de capital cultural, cuyo trasfondo implica un problema valorativo, o sea, forma parte de una crisis que es moral,  asunto nada menor y que condiciona nuestro presente y futuro. Urge, por lo tanto, reflexionar y tomar cartas en el asunto, involucrando a todos los actores sociales posibles, particularmente a aquellos, que, por su actividad y relevancia social, son determinantes a la hora de pensar un cambio de rumbo.
En tal sentido,  el sistema escolar es absolutamente clave. La educación -inseparable del campo valorativo- tiene por finalidad principal -más allá de otros papeles que le caben- el generar espacios de reflexión y acción, espacios de la sensibilidad, que nos permitan alcanzar la felicidad colectiva, el mejoramiento individual que redunde en el mejoramiento de la “polis”. 
Y esta tarea debe darse en el devenir de un contexto histórico donde, justamente, a la actual disminución del capital cultural se asocia (como causa y consecuencia a la vez) una modernidad “líquida”, en la cual se han dejado de lado los valores de la modernidad “sólida”, fundada en los viejos pilares de la Ilustración, motivo por el cual se vuelve vital reivindicar la necesidad de pensar, haciéndolo desde la reactivación de los vínculos de cooperación y acción colectiva. En tiempos donde el conocimiento ya no se asocia a la idea de autorrealización ética vinculada al mejoramiento del colectivo, sino que parece estar demasiado atado a los vaivenes del mercado laboral y/o la formación estrictamente técnica, los educadores debemos retomar fuertemente la impronta humanística, centrándonos –entre otros puntos- en la perspectiva aristotélica de “felicidad”, la cual presupone una faceta ética vinculada al conocimiento y se basa en la autorrealización dentro de un colectivo humano, adquiriéndose  mediante el ejercicio de la razón que valora. 
El valorar, el sopesar, el elegir -en el marco de un tiempo histórico que ha dado un nuevo giro al viejo debate entre valores universales y relativos- parece haberse convertido en mala palabra, en algo propio de “conservadores” y “autoritarios” y es, al menos, políticamente incorrecto sostener que determinados valores culturales son preferibles a otros. La bienvenida diversidad cultural parece haber devenido en una incapacidad valorativa. Se ha impuesto la mirada de que “todo vale lo mismo”, lo cual no ha significado más que decir que “ya nada vale”. 
Por otra parte, la idea de un canon universal siempre ha supuesto una mirada elitista y la marginación de toda expresión ético/cultural que no estuviera en sintonía con esa medida de todas las cosas. Y los juegos de poder parecen emerger allí más claramente, en tanto, en definitiva, ¿quién establece el canon y bajo qué legalidad? No se puede negar que el fuerte acento en la diversidad cultural ha dotado a nuestras sociedades de una mayor riqueza y ha permitido escabullirnos del autoritarismo de la considerada a sí misma elite cultural, el “resguardo moral” de toda sociedad. 
Ambos posicionamientos llevados a su extremo -ya sea el autoritarismo cultural del universalismo o el relativismo que ya nada valora- parecen ser fieles representantes del agotamiento de un momento u otro del transcurso de los más recientes cambios de nuestra humanidad. En ese vaivén pendulante de conceptos hegemónicos que suele mostrar la historia, los cambios culturales de la globalización posmoderna parecen haberse inclinado fuertemente a favor de un relativismo que ha ido exacerbando su postura y que, sin embargo, comienza lentamente a generar un movimiento en contrario. 
El aporte innegablemente positivo de los estudios antropológicos en el campo de la cultura, el beneficio conceptual y democrático de la idea de diversidad cultural, son valores que han llegado para quedarse, pero que en su propio devenir han instalado el germen de la vieja tradición universalista de marcar límites valorativos, en tanto comienza a operar socialmente el reclamo de escapar a las consecuencias de su radicalización. 
No la tienen sencillo quienes de algún modo están en el primer frente de esta batalla entre los cambios culturales y los valores. 
¿Y quiénes son aquellos que están en ese primer frente? ¿Qué actores constituyen lo público, quiénes son determinantes en la producción y circulación de los valores educativos y culturales y proyectan las posibilidades de enriquecimiento del capital cultural en una sociedad?  Entiendo que existen al menos cinco actores fundamentales, relacionados y en modo alguno interdependientes: el núcleo familiar, las instituciones educativas, los medios de comunicación, los gestores culturales y quienes toman las decisiones políticas en el campo educativo. 
Y en buena medida cualquier proyecto educativo y deseable para el bien común de una sociedad contemporánea, debe construir su política cultural sobre la base de enfrentarse al desafío desde una óptica ética que atienda la problemática de manera integral, o sea, incorporando decididamente a esos otros actores. 
En tiempos donde el valor supremo de lo cultural parece estar arraigado en lo divertido, lo simpático, lo espontáneo, lo fresco, lo efímero e incluso lo decididamente chabacano no será sencillo apelar a una subjetividad ávida de “consumir” otros “productos” educativos y culturales, aquellos cuyas huellas escapen al mero divertimento de ocasión y, en definitiva, marquen valores positivos en la comunidad. 
Los principales problemas que el país está padeciendo en materia educativa, tienen que ver básicamente con esta cuestión de la desvalorización del capital cultural, con la debilidad del entramado que conforma el espacio cultural-ético. Fallará toda política de gestión o proyecto técnico en áreas como la educación sino es abordada desde el concepto central que es el del fortalecimiento del capital cultural, abordaje que requiere ir más allá de la mirada meramente economicista o del modismo de la diversidad carente de valoraciones. 
Una cultura de valores y valores culturales que fortalezcan la idea de convivencia y bien común es la propuesta que debe encabezar una política educativa que logre superar las actuales dificultades (que son globales y suponen el signo de una época). Articularla y ponerla finalmente en juego es el desafío por el que se debemos estar trabajando todos los involucrados. 
En lo inmediato, en ese espacio central de la educación, se vuelven propedéuticos tres ejes de reflexión y trabajo:

a)      El visualizar los espacios educativos como espacios de resistencia ética (y contracultural, visto nuestra actualidad).
b)      Apostar a la formación permanente de los educadores bajo una perspectiva que supere la crisis de la separación entre lo pedagógico y el campo de la investigación.
c)      Humanizar la educación.


Sobre cada uno de estos puntos, reflexionaremos en nuestras próximas columnas, esperando generar un diálogo fecundo, que genere un intercambio público que se nos presenta de modo urgente, porque nuestra crisis, antes que económica, es cultural, es educativa, o sea, es moral. 


7 comentarios:

Unknown dijo...

Pablo, muy interesante el artículo.
Creo con una fuerte convicción en la necesidad de fortalecernos cultural y moralmente.
Coincido contigo que no me parece justo achacarle a la educación la necesidad de liderar este proceso, sin embargo, resulta indispensable que transformemos la forma que enseñamos. El modelo pedagógico del siglo XVIII presente en nuestro sistema educativo, resulta fuertemente excluyente, sobre todo para los estudiantes que tienen sus habilidades cognitivas reducidas por las deprivaciones que sufren desde pequeños.
En el modelo de enseñanza que la mayoría aplicamos, pretendemos que permanezcan anclados en una modalidad de aprendizaje que no vivencian en ningún ámbito de su vida. No creo que tengamos que ser payasos dando clase, sino que nuestras estrategias deben estimular la tarea colaborativa y las relaciones humanas saludables.

Tener la valentía de mostrar que valoramos una forma de vida y no otra parece tener la categoría intrínseca de ser fascista. Ser un abanderado de la diversidad implica aceptar a aquellos que tienen una orientación sexual distinta a la tradicional, pero también aceptar a aquellos que tienen una orientación política o religiosa tradicional. En muchas ocasiones, nuestra mirada de la diversidad implica oponernos a todos los que no aceptan al diferente. Esa oposición resulta contradictoria en si misma sino se afianza en el marco de la convivencia entre posturas contradictorias.

En la historia de las sociedades, quienes han construido un capital cultural estable y fortalecido, han desarrollado estrategias políticas, educativas o religiosas homogeneizantes o universalizantes. Hoy, el gran desafío es construir Capital Cultural sin pretensiones de homogeneizar a una sociedad bajo el manto de valores universales. ¿cuál debe ser la estrategia o camino a seguir? Ni idea. Sin embargo, estoy seguro de que desde nuestro lugar de docentes debemos de dejar de aplicar mecanismos instituyentes de la exclusión dentro de nuestros centros educativos. Un abrazo grande

jujocas dijo...

Después de un tiempo he llegado a la conclusión que a Pablo Romero no le interesa dialogar con nadie ni escuchar otras opiniones sino escucharse a sí mismo escribir con lenguaje ampuloso y recibir elogios de sus admiradores. La crisis de valores y la pobre educación local se deben a la sociedad consumista en que vivimos que empobrece todo lo que es alta cultura que no da dividendos a los empresarios. El caso Sendic es básicamente una campaña de la oposición para
cerrarle el paso al posible futuro candidato presidencial de recambio del FA, ojo no soy más del FA por lo que han hecho en la última década, Sendic actuó tontamente pues podría haber salido del problema simplemente declarando que se proclamó licenciado porque había completado en Cuba estudios que le parecieron equivalentes y si alguien objeta a eso, estaba dispuesto a no mencionarlo más en su CV y chau, problema resuelto. Con sus torpes negativas y afirmaciones se hundió en un berenjenal para lo que no había necesidad. En lo uqe respecta a diversidad, está muy bien que toda esa gente de comportamiento anormal como gays, lesbianas, trans, etc. vivan sus vidas sin persecución y tratando de ser felices, pero proclamar que su forma de vida es tan normal como la hetero, es una cruda deformación de la realidad que no debe ser tolerada. Llamar ´mujeres trans´ a hombres vestidos de mujer es un engaño que se pretende perpetuar y que debería ofender a las verdaderas mujeres. He dicho todo esto sin lenguaje afectado y pretencioso, tan de moda hoy entre intelectualoides que procuran expresarse de una forma ´técnica´ o ´culta´ y no sólo hace su prosa confusa y afectada innecesariamente sino que inventa un lenguaje procurando aparentar una profundidad conceptual que no tienen. Los expertos verdaderamente solventes se expresan de una forma simple y directa que no necesita afectación.

eduardo dijo...

Somos dependientes empelados y objetos obedientes de las intenciones históricas y suicidas de todo un conocimiento, una práctica sistemática, fundada en el dominio y la explotación de la vida.

No creo, sería muy incrédulo creer, que este sistema, esta maquinaria que progresa y se desarrolla en contra de los océanos y las selvas, forme- eduque a sus serviles empelados de turno, para amar y respetar la vida.

Mientras no se descubra, no se trabaje por las posibilidades de una economía otra, de la que depender, fundada en el respeto y consideración de la actividad productiva de la diversidad viviente, estaremos en el horno.

Todos los esfuerzos académicos están afanadamente focalizados y abocados (cuando no se alarman, con aullidos televisivos, ante las consecuencias sociales culturales del sistema del cual participan) para remendar disminuir optimizar las consecuencias y los efectos nefastos del sistema que existe.

Cuando no trabajan afanadamente rebanándose la croqueta para mejorar y aumentar los réditos y rendimientos productivos de la explotación de la vida, lo viviente.

Procurando individuos más eficientes, obedientes y sumisos, que aceptan la explotación y humillación como la perdida de sus vidas, con una sonrisa y una reverencia, para hacerlos cómplices, de las consecuencias y los efectos nefastos del sistema que existe.

Totalmente y tontamente cómplices inconscientes del suicido colectivo.

Anónimo dijo...

Excelente! Ahí está el fundamento de todo sistema educativo y cultural. Gracias por exponerlo tan claramente.

Alba Marina Riverón Granese dijo...

Hola Pablo, me encantó tu artículo. Y estoy totalmente convencida de que se debe focalizar en la educación desde primeros años de vida, en el vínculo del niño con la madre y el padre. Yo diría también charlas sobre vínculos de pareja, responsabilidad, habilidad para determinar las emociones y ed. sexual. Eso demandaría una formación de educadores, paramédicos, asistentes sociales que apoyen en forma permanente a maestros y profesores Todos previo prueba con una firme base moral. Quiénes darán las pautas para seleccionar personal? Creo que sería bueno que todos pasaran por talleres de Ed. emocional. Cuáles son los verdaderos valores para el mejor futuro de una sociedad? No podemos dejar de lado tener en cuenta lo que significa autoestima, empatía, autoconocimiento, etc. pilares de la Ed. emocional. Todo llevaría al amor por uno mismo y amar al otro como a sí mismo.Que suena medio común pero.... Y si tratamos de trasladarnos en estos términos al primer vínculo de pareja y de Madre - hijo estaríamos en el camino hacia una recuperación humana. Talleres, acción y no solo con teoría. Respetando una filosofía de la educación con las mejores formas de llevarla a la práctica. En resumen, talleres de Educación emocional en todos los centros de educación y de formación de educadores como también carreras universitarias de todo tipo. Mis respetos - Alba

Pablo Romero dijo...

Muchas gracias por los comentarios, aún los que no comparten mi posicionamiento, pues justamente lo que necesitamos es un debate abierto y plural sobre una temática que nos resulta vital abordar.
Comparto en mis recientes entradas otros dos artículos sobre la temática, que son la continuación de este primero publicado en Voces.
Les sigo escuchando y tomando nota, por cierto...

Abrazos!

Graciela Balparda dijo...

Muy bueno, Pablo. Da para largas charlas, discusiones y debates.
Abrazo